Como si todo se confabulase de nuevo.

“Perdimos estabilidad.
No sabemos de qué lado,
vamos a quedar parados.”
Andrés Calamaro – Clonazepam y Circo.
Puede que todo vaya bien, y que el despertar de una buena porción de días claros ayude en ese erguirse, en ese caminar relajado en los momentos más difíciles de la banal existencia sistemática y social, en esa alegría variable y decadente, dependiente de aspectos que suelen estar controlados pero que como siempre se pierden en el vaivén de lo que no está nunca quieto, como una hoja que pende de un árbol en otoño, que se sabe caída después de un lapso corto de tiempo, y que pronto volverá a mirar todo desde el suelo y no desde el cielo…inevitablemente. Uno de los componentes del gran pilar está derribado, como la hoja café de la estación oscura.
Y pensar que esto es lo mejor, o era lo mejor, que no recuerdas la última vez que viste el mundo y tu vida así, quizás por lo fugaces que son tus recuerdos, o quizás por qué, no importa. Pero en fin, lo miraste con colores parecidos, y no con expectantes y pseudoinocentes negros y grises, que probablemente tú mismo pintaste, ya casi periódicamente a voluntad o no, pero que al fin y al cabo sabes que fuiste responsable principal de la abstracta pintura que vuelve a dibujarse y a completarse con tus anteriores, y que a causa de ese colapso continuo está a punto de desparramarse en colores y formas que ya no entiendes. Y es tu responsabilidad. Y no hablo de esa responsabilidad establecida que cada hombre en este mundo se supone debiese tener, si no que de una especie de coerción espiritual o emocional, subjetiva más bien, que te lleva a pensar dónde estás parado, que la llevas siempre dentro y escondida, para alguna vez salir al aire que se encuentra limpio, para sofocarlo y ensuciarlo con su fuerza, como ahora pasa. No te deja concluir en algo concreto, ni apoyarte en algún lugar duro y palpable de tu extraña existencia terrenal, porque antes y sin siquiera avisarte la realidad te golpea en la cara, como avisándote que una línea completamente recta no existe en nada ni en nadie -o por lo menos en tu vida- y que en algún momento se inclinará hacia al lado que no debía.
Pareciera que el sangrar de nariz viniera a avisar que lo que pasará en las horas siguientes no será bueno, que no me dejará satisfecho ese movimiento de tierra repentino, pues todo lo condenadamente contrario: me hundirá en el mismo lodo que alguna vez –ingenuo y radiante- pensé que no volvería a aparecer, en el necesario lodo que sumerge días, hojas, pilares, colores, líneas y tierra. Estúpida tierra. Estúpida y odiable tierra...
Y pensar que esto es lo mejor, o era lo mejor, que no recuerdas la última vez que viste el mundo y tu vida así, quizás por lo fugaces que son tus recuerdos, o quizás por qué, no importa. Pero en fin, lo miraste con colores parecidos, y no con expectantes y pseudoinocentes negros y grises, que probablemente tú mismo pintaste, ya casi periódicamente a voluntad o no, pero que al fin y al cabo sabes que fuiste responsable principal de la abstracta pintura que vuelve a dibujarse y a completarse con tus anteriores, y que a causa de ese colapso continuo está a punto de desparramarse en colores y formas que ya no entiendes. Y es tu responsabilidad. Y no hablo de esa responsabilidad establecida que cada hombre en este mundo se supone debiese tener, si no que de una especie de coerción espiritual o emocional, subjetiva más bien, que te lleva a pensar dónde estás parado, que la llevas siempre dentro y escondida, para alguna vez salir al aire que se encuentra limpio, para sofocarlo y ensuciarlo con su fuerza, como ahora pasa. No te deja concluir en algo concreto, ni apoyarte en algún lugar duro y palpable de tu extraña existencia terrenal, porque antes y sin siquiera avisarte la realidad te golpea en la cara, como avisándote que una línea completamente recta no existe en nada ni en nadie -o por lo menos en tu vida- y que en algún momento se inclinará hacia al lado que no debía.
Pareciera que el sangrar de nariz viniera a avisar que lo que pasará en las horas siguientes no será bueno, que no me dejará satisfecho ese movimiento de tierra repentino, pues todo lo condenadamente contrario: me hundirá en el mismo lodo que alguna vez –ingenuo y radiante- pensé que no volvería a aparecer, en el necesario lodo que sumerge días, hojas, pilares, colores, líneas y tierra. Estúpida tierra. Estúpida y odiable tierra...
1 Comments:
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