martes, enero 19, 2010

Tristeza de sensación


No hay nada más triste que ver cómo una señora es recostada lentamente en estas máquinas de lavado de las peluquerías para que su propio hijo le arregle ínfimamente el poco pelo que le va quedando, y que éste mismo, antes y después de la ardua y penosa tarea, y aplastado por una mansión de obligaciones que lo hunden hasta las antípodas de sí mismo, busque y rebusque desesperadamente los restos de su padre para enterrarlos dignamente luego del aviso burocrático del vencimiento de la póliza del metro cuadrado que le fue asignado al azar, hace veinte años.
Un hombre muerto que nunca recibió laureles y quien prontamente va a ser incinerado en un periplo de los últimos huesos al fuego trae al corazón mental una especie de tristeza de sensación indescriptible, que no da paso a nada más que otra sensación de olvido de la sensación anterior, como los pelos que inocentes e insufribles caen en la maquinita que recobra las bellezas perdidas en el agua con shampoo.
Una tristeza de sensación, en fin, no es una sensación de tristeza. Es de escritura y alma inversa y más emocional que racionalmente contemplativo. No se puede salvar como no se pueden salvar y esquivar las montañas más imponentes y altas. Está ahí y te ilumina en una alegría sin fin, receptáculo de una pena que bombardea la mente del corazón.

No puedes contra ella. No sigas intentándolo.